Celebración de la Jornada Bienestar Digital: evidencia científica, negocio y compromiso social
El pasado 2 de junio de 2026 se celebró en el Ministerio de Juventud e Infancia la Jornada «Bienestar Digital: evidencia científica, negocio y compromiso social», organizada por FEJAR con la colaboración del Ministerio de Juventud e Infancia y la ONCE. El encuentro, desarrollado en formato presencial y online, reunió a especialistas del ámbito académico y preventivo para reflexionar sobre los nuevos retos asociados al juego, los videojuegos y otras prácticas digitales en la infancia y la adolescencia.
Tras la inauguración institucional, la primera intervención corrió a cargo de Juan Lamas Alonso, director técnico de FEJAR, quien presentó la posición de la entidad ante un escenario marcado por la bajada de la edad media de inicio y la aparición de nuevas formas de adicción vinculadas a los videojuegos y otros entornos digitales. Lamas subrayó que la creciente normalización social del juego exige una mirada rigurosa y prudente: no se trata de demonizar el juego ni de patologizar a toda una generación, sino de analizar el fenómeno «con ojos de antropólogo» para comprender sus dinámicas y prevenir sus riesgos.
A continuación, Antonio Rial Boubeta, de la Universidad de Santiago de Compostela, abordó la necesidad de repensar la prevención en un contexto digital cada vez más complejo. Rial advirtió de que la industria está tratando a niños, niñas y adolescentes como futuros clientes, mientras desplaza parte de la responsabilidad hacia familias y profesorado. En su intervención señaló dos grandes desafíos para la infancia actual: el acceso temprano a redes sociales y la falta de regulación suficiente en determinados ámbitos de los videojuegos. En este punto, hizo especial referencia a las cajas botín, mecanismos en los que se introduce dinero y que diferentes investigaciones han relacionado con posteriores conductas de juego problemático. Rial defendió la importancia de una prevención integral, comunitaria y valiente, capaz de implicar a la sociedad en su conjunto. Familias y profesionales deben formar parte de una respuesta coordinada que no se limite a intervenciones aisladas, sino que actúe sobre los entornos y prácticas que favorecen la exposición temprana a riesgos digitales.
A continuación Ana Estévez Gutiérrez, de la Universidad de Deusto, centró su ponencia en la necesidad de incorporar de forma decidida la perspectiva de género a la investigación y la intervención en adicciones comportamentales. Estévez señaló que las mujeres pueden estar infradiagnosticadas en este ámbito, lo que dificulta tanto la detección temprana como el diseño de recursos ajustados a sus necesidades. Su intervención puso de relieve que la prevención y el tratamiento no pueden construirse desde modelos neutros que invisibilicen diferencias relevantes en los itinerarios y barreras de acceso a la ayuda.
Posteriormente, Joaquín González Cabrera, de la Universidad Internacional de La Rioja, planteó la urgencia de superar enfoques preventivos fragmentados. En su intervención destacó la falta de programas específicos frente a fenómenos como la victimización o las cajas botín, así como la ausencia de una visión común capaz de articular una prevención que él llamó multirriesgo, multietapa y multiprofesional. González Cabrera defendió la necesidad de acompañar todo el ciclo educativo con estrategias coordinadas adaptadas a cada edad y sostenidas en el tiempo.
El coloquio posterior permitió profundizar en algunas de las cuestiones planteadas durante la jornada, como la sensibilidad de género, la posibilidad de transformar la tecnología desde criterios de protección y bienestar, o la aparición de nuevos riesgos asociados a fenómenos como las criptomonedas. La jornada evidenció que el bienestar digital constituye ya una dimensión imprescindible de la prevención. Frente a discursos simplificadores, los distintos expertos coincidieron en la necesidad de comprender mejor los entornos digitales, reforzar la investigación y en definitiva promover respuestas coordinadas que protejan especialmente a los colectivos vulnerables sin caer en alarmismos ni miradas reduccionistas. La jornada subrayó la necesidad de promover un bienestar digital basado en la evidencia, prevención y responsabilidad compartida, protegiendo a la infancia sin demonizar la tecnología.
